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Mamá ya han pasado 7 años desde que me destruiste. En el pasado mayo me tocaba hacer la primera comunión. Pero no pudo ser. Yo sé que tú estás arrepentida de haberme matado y al mismo tiempo te has hecho una herida que nunca sanó, porque tú no te has perdonado todavía. Yo quiero decirte que estoy bien y te perdono. Quizás tú no lo pensaste aquel día, porque solo pensabas en tí, pero mi muerte fue muy muy dolorosa, sentí los cuchillos afilados del doctor cómo me iban cortando en pedacitos, comenzando por mis piernitas, era mucho dolor y demasiada angustia, después con unos hierros brillantes apretó la cabecita hasta reventarla, no te puedes imaginar, pero todo el dolor del mundo explotó en mi pequeñita cabeza…fueron segundos desesperantes. Todos los pedacitos de mi cuerpo los fueron tirando a la basura. ¿Por qué no los llevaste a una tumba? Podrías visitarme, pedirme perdón y llevarme de cuando en cuando flores blancas. Pero me dejaste sin nombre y sin tumba. Quizás pensaste que así me olvidarías pronto, pero sabes que no pudiste, tu remordimiento sustituyó a mi tumba y no has podido olvidarme. Más tarde -no sé cuanto tiempo pasó -llegué a una casa muy bonita, era de oro brillante y azul como el cielo. Allí me recibió una Señora tierna y muy hermosa. Poco a poco fue recogiendo con sus manos muy suaves cada partecita de mi cuerpo, y las fue poniendo en su sitio; de cuando en cuando me limpiaba la sangre y las lágrimas. Me decía: ‘’Yo soy de verdad tu mamá, me llamo María. Soy mamá de todos y de un modo especial de niños como tú a los que su mamá dejó matar en su vientre, no tengas miedo hijito, aquí todos te queremos y ya no sufrirás. Más tarde vas a rezar conmigo a un Senor muy bueno , lo puede todo, es mi Hijo Jesús. Vamos a pedirle por tu mamá de la tierra para que se arrepienta, y El la perdone. Así ella, podrá un día unirse a nosotros, tú la podrás conocer. Yo también soy madre de las mamás que abortan.’’ Mamá deseo que llegue el día en que te conozca, deseo que me beses, me abraces, me pongas un nombre y me escuches cuando te diga: “mamá perdónate que yo te perdoné, desde que conocí a esa mujer que se llama María y es la Madre de todos, también de las mamás que dejan asesinar a sus hijos en su vientre. Ella me dice que tú la conoces y que muchas veces le has hablado, que ella también te habló, pero aquel día, el de mi muerte, no quisiste escucharla. Un beso y hasta pronto pues sé que el tiempo en la tierra donde vives, corre muy de prisa. Perdónate mamá, no te atormentes más. Tu hijo el sin nombre todavía
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