A LA QUE NO QUISO SER MI MADRE Nunca nací. Cuatro meses habité en tu seno. Me gustaba el calorcito, Tu cuerpo me alimentaba; Pero comenzaste a pensar Que conmigo dentro de tí, Tu vida peligraba. El mal espíritu te hablaba y tú le escuchaste, Te decía que no te arriesgaras A dejar a los otros 6 hijos sin madre, Tú le creíste, a pesar de que el otro Espíritu, El de Dios, te gritaba que a la vida dijeras, sí. Pero seguiste la voz del maligno Y decidiste matarme. Un hombre de bata blanca, comenzó a tocarme con unos hierros brillantes y fríos, primero me desgarró una pierna, después un brazo… por último me apretujó la cabeza como si fuera una nuez. Seguiste la voz del mal espíritu y yo no pude nacer. Ahora desde la otra vida he sabido que al matarme, Destruiste el plan de Dios. Él quería que fuera sacerdote y misionero; Que predicara en diferentes países y ciudades, pero tú no lo dejaste. Veo una multitud sedienta de Dios, a la que no llegó la BUENA NUEVA, ni el perdón, porque tú me destruiste. Me asesinaste a mí, Y tambien, el plan de Dios. Mamá yo te perdono, aunque el daño que has hecho ha sido muy grande. Entre la voz del maligno y la del espíritu, no has sabido discernir. A LA QUE QUISO SER MI MADRE Pero no, en mi no fue así. Tú me has dejado vivir. He nacido de una lucha Entre el Espíritu, Satán y tú. Con papá luchaste hasta el final. Has arriesgado tu vida para dámela a mí. Le has dicho a Dios, SÍ. Has sabido discernir entre su voz Y la otra, que te quiso confundir. Hoy cuando predico y perdono, Cuando siembro la esperanza, Realizo el plan de Dios. También eres tu quien predica y consuela. Todo mi ministerio es producto de tu sí, A la vida, a Dios, a la gente y a mí. Gracias mamá por la vida. Por tus luchas y temores. Con tu fe y heroísmo, Me has me has permitido vivir Has dejado que se cumpla el plan de Dios En el pueblo, en ti y en mi. Le has dicho que sí a Dios Has sabido discernir entre su voz Y la otra, que te quiso confundir.
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